miércoles, 29 de julio de 2020

LAPICES

Hola, me llamo Fedra, si así. Ni Federa, ni Frida, Freda ni mucho menos Federica, es muy gracioso todos los nombres que se originan después de un ¿Como te llamas?.
Cuando tenía 8, mi mamá me daba $0.50 para comprarme algo en el kiosco de la escuela, estaba de moda las cartucheras de varios pisos yo sólo quería la de dos, sabía que le iba a poner adentro, aunque tenia poco. El día por fin llegó, había juntado $8, habia de todos los diseños, pero las de dibujos eran mas caras. A mi me gustaba una más sencilla que era lisa y me alcanzaba.
Entonces salí del cole y me la compre, sólo complete el primer piso pero estaba tan feliz, lo había logrado.
Con el paso del tiempo fui conociendo otros lápices acuarelable los primeros, que los compre cuando me mude a capital, marcaron mis días acá, la casa revuelta pero yo podía pintar mientras sonaba la radio.
Mamá los primeros findes hacia carne al horno con papas, era un lujo, teníamos gas natural y usabamos el horno, mientras esperaba el almuerzo yo dibujaba. Luego me compre los metalizados los cuales fue fruto de dar clases particulares a niños de primaria, ahí empece a tener mi cuaderno donde dejaba un poco de magia mientras transitaba la secundaria. Con el paso del tiempo junte varios colores, todos de tonalidad distinta, que se fueron gastando pero aún sirven, hacen volar mi imaginación.
Podría contar muchas cosas, pero creo que en las pequeñas anécdotas, se ve un poco de donde venimos. Nunca supe porque guardo tantos detalles, a veces, le digo memoria selectiva.
Pero estoy aqui haciendo un árbol de la vida para biodanza con estos mismos colores que tantas historias tienen detrás, a veces el arte esconde más cosas que lo que a simple vista expresa.

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